Después hemos ido a comer a un sitio resguardado, para no mojarnos y qué mejor lugar que Valle Real, donde además de comer tranquilos (y por cierto, todos hemos comido mucho y muy bien), nos ha dado tiempo a jugar un poquito en el parque de bolas.
Para finalizar, el museo marítimo ha sido espectacular. Hemos visto infinidad de variedades de peces, tiburones, algas... ¡y hasta esqueletos de ballenas!
Un día muy agotador para nosotros pero en el que hemos disfrutado como enanos. Nos alegramos mucho de habernos portado tan bien y que a partir de ahora podamos repetir cada año.
Esta noche, una buena ducha calentita, la cena y a la cama prontito, que seguro que necesitamos descansar y recuperar todas esas energías que hemos agotado hoy.